Empezó todo en mi cumpleaños.
Fue el regalo más "chacal" de primero básico; un diario con candado. Pocas cosas llegué a escribir ahí, porque siempre perdía la llave; estaba mucho tiempo mirándolo, pensando en dónde estaría la llave mientras yo la buscaba porque la necesitaba y me angustiaba el no tenerla y que el diario saliera de mi control...
Resulta que siempre aparecía cuando menos la quería, cuando todo parecía andar.
Miraba a la llave con indignación (al final todo era culpa de ella por no aparecer), pero luego cambiaba el mundo, y el trozo de metal me convertía en dueña del espacio; haciéndolo algo tan especial. Pensaba luego que había estado en un lugar que no existía para mi, hasta que ella le hacía existir. El día en que encontraba la llave era el más feliz en mi memoria; no importaba ya escribir en el diario, ya había una potencia (siiii, el nous de Aristóteles y todo eso incluido).